La concepción del infierno ha variado a lo largo de la historia, siempre de la mano de la cosmovisión de cada religión, grupo humano, en un momento histórico específico y con un marco teorico/cientifico que lo forma -o deforma-.
El concepto bíblico no es uno solo, pues se distinguen matices entre el antiguo y el nuevo testamento. El concepto dantesco del infierno también difiere del bíblico, del Hades griego, el infierno musulman, taoísta, etc...
Obviamente cada interpretación de lo que es el infierno -suponiendo que exista- no es más que eso, una interpretación. Y puede o no, acercarse a la realidad. Como cualquier interpretación, no es otra cosa que nuestra burda comprensión de algo que sucede fuera de nosotros.
Se me ocurren los siguientes apuntes:
-La siguiente línea de pensamiento parte de la concepción teológica de una fuerza creadora (que puede ser desde la máquina inmóvil de Santo Tomás, hasta el dios "natura" de Spinoza) la cual es esencialmente buena, pero al dejarnos a nuestro libre albedrío permite implicitamente que abracemos el mal, si éste fuera nuestro deseo.
-Otras concepciones, como el ying/yang chino son incompatibles con esta teodicea dado que suponen una continua lucha entre el bien y el mal, quienes tienen igual fuerza y peso y se complementan. O peor aún, que el bien y el mal son ambas caras de la misma moneda, y nosotros solamente seremos unos infelices desdichados manejados al antojo de un "dios" caprichoso y vengativo, que está más allá del bien y del mal.
-El estudioso que desconoce la diferencia entre estas dos concepciones (no las estoy juzgando, las estoy exponiendo) no podrá avanzar mucho en sus estudios. Cualquier línea de pensamiento parte de una premisa y enseguida va razonando y discriminando uno tras otro los argumentos hasta llegar a una conclusión lógica. Renunciar a ello es renunciar a avanzar en el estudio.
-Si concebimos el infierno como el alejamiento de la Luz (la Verdad, el Ser, Dios), el infierno como tal es un "castigo autoinflingido", pues es el alma quien decide separarse de dicha Luz. Entonces no es un castigo, es una consecuencia a los actos propios. El infierno es un resultado de la propia decisión de alejarse. El argumento del "castigo" se cae. Nadie castiga.
-Claramente el infierno, si existiere, sería una situación exclusiva para las almas. No para los cuerpos porque estos perecen en esta dimensión, al morir se pudren y regresan a la tierra. Eso es científicamente comprobado y lo demás son especulaciones. No habría un infierno basado en castigos, habría un infierno consistente en sufrimiento espiritual, y éste como resultado de una carencia.
-Luego entonces, es ocioso hablar de torturas, rechinar de dientes, incluso de buscar un lugar físico donde se encuentre. Si existe el infierno, es un estado espiritual. Las almas no poseen materia, no ocupan un lugar en el espacio. Solo les quedan dos cosas: el tiempo y el pensamiento. Para toda la eternidad.
-En cuanto a la misericordia, habría que apuntar también que el alma que se aparta de la luz puede volver a ella en todo momento al reconocer su carencia. Y si Dios es misericordioso, siempre te aceptará de vuelta. A menos, claro, a menos que seas tú el que no quieras volver...
-A menos que tu pecado sea la Soberbia. Sería éste teóricamente el único "pecado" que impediría a las almas acercarse a la Luz, pues prefieren la lejanía antes que el reconocerse equivocadas. Soberbia. El pecado de Luzbel.
Basado en ideas del libro "Summa Daemoniaca" del exorcista Antonio Fortea.
Publicado por Gustavo Melendez Mazlum en 23:10
martes, 19 de abril de 2016
domingo, 17 de abril de 2016
La personalidad en la cultura III
Tomando en cuenta lo que el psicoanálisis y los estudios de psicología infantil nos han dicho sobre los proceso de formación de la personalidad, para nadie es sorpresa que algunos de estos patrones de personalidad sean más frecuentes en culturas específicas. Por ejemplo, que sean mas frecuentes entre los chinos que entre los mexicanos, entre las clases altas norteamericanas que entre las clases bajas norteamericanas, etcétera.
Obviamente esto no quiere decir que las características de la personalidad de todos los miembros de un grupo tengan que ser iguales. En todas las sociedades y dentro de una sociedad, hay y habrá siempre desviaciones, grados, variantes. Incluso se nota un gran margen de variación entre los que se aproximan a una de las estructuras de personalidad típicas. Esto teóricamente sería de esperar dado que cada constitución genética individual es, por definición, diferente a las demás.
Inclusive, no hay dos personas de la misma posición social, edad y sexo que tengan las mismas, idénticas, experiencias de vida dentro de una subcultura en específico.
La cultura misma por definición, es un conjunto de directrices que cada madre y padre se encargan de aplicar e interpretar de forma distinta. Si embargo, por experiencia sabemos que los miembros de sociedades distintas van a tender a manejar de forma similar, los complejos problemas de ajuste al medio ambiente, a las otras personas, o los de pura satisfacción biológica. Es decir, que en cada cultura es de esperar que se manejarán de forma parecida, cada situación social. Y esto no implica que el "carácter nacional", lo que sea que signifique eso, sea fijado por medio de la historia patria...
Está demostrado que si se lleva a un niño colombiano a vivir al Perú, cuando sea un adulto pensará y actuará como un peruano, no como colombiano. Quizá la pregunta más importante en todo el campo de la antropología venga a ser; ¿a qué se debe que el chino sea chino, y el ruso, ruso?¿Cuál es la causa?
El moldeamiento de la naturaleza humana en bruto, queda implicado en el problema de ser o convertirse en un miembro representativo de un grupo humano. Todos los niños recién nacidos de todas las culturas, se parecen más entre sí que a los miembros adultos de sus respectivas culturas. Pero los miembros más formados de cada grupo, son semejantes socialmente entre sí.
¿Cuál ha sido entonces la contribución de la Antropología? Llamar la atención sobre esta diversidad de modos de conducta. Destacar la circunstancia de que en las distintas culturas haya diversidad -y repetición- de enfermedades mentales. Subrayar el hecho de que hay algunos sorprendentes vínculos entre los sistemas educativos, y los resultados en las instituciones en la vida del adulto.
Es tentadoramente fácil simplificar en exceso este cuadro. Probablemente, si el mexicano tiene tendencia a concebir todas las relaciones humanas en términos patriarcales, se debe a que sus primeras experiencias se desarrollaron en una familia patriarcal. Pero este tipo de estructura familiar patriarcal se "justificaba" por los patrones de conducta aceptados en la vida política, económica, militar o en la educación básica. La dirección fundamental que se le da a la educación infantil no viene de la naturaleza congénita de una sociedad. Tiene, en cambio, la mira puesta en el papel que han de desempeñar varones y mujeres, y se moldea de acuerdo con los valores dominantes en cada sociedad.
Ya lo dijo Gregory Pettit "El castigo corporal es raro entre los primitivos y no debido a una bondad congénita, sino a que no sintoniza con el desarrollo del tipo de personalidad individual considerado como ideal".
miércoles, 13 de abril de 2016
La personalidad en la cultura II
La cultura determina en parte cuál de los muchos caminos de conducta elige característicamente un individuo de una determinada capacidad física y mental. El material humano tiene tendencia a adoptar formas propias, pero de todas maneras una definición de la socialización en cualquier cultura es la posibilidad de predicción de la conducta diaria de un individuo en varias situaciones definidas. Cuando una persona ha sometido mucha de su autonomía fisiológica al dominio cultural, cuando se comporta la mayor parte del tiempo, lo mismo que lo hacen los demás, en la ejecución de las rutinas culturales, está ya socializada. Los que conservan demasiada independencia, necesariamente se encuentran recluidos en el manicomio o en la cárcel.
Los niños se educan de diferentes maneras en las distintas sociedades. A veces se les desteta pronto y abruptamente. A veces se les permite mamar todo el tiempo que quieran, destetándose ellos solos gradualmente a la edad de tres años o más. En algunas culturas el niño es dominado violentamente desde el principio por la madre, el padre o ambos. En otras, prevalece el calor afectivo en la familia hasta el punto de que los padres se niegan a aceptar la responsabilidad de castigar ellos mismos a los niños. En un grupo el niño crece en la familia biológica aislada. Hasta que va a la escuela tiene que adaptarse únicamente a su madre, a su padre, a uno o dos hermanos o hermanas y en algunos casos a uno más sirvientes. En otras sociedades al niño le manejan y a veces incluso le crían, varias mujeres distintas, ya to das aprende a llamar "madre". Crece en una familia numerosa en la que muchos adultos de ambos sexos representan para él papeles aproximadamente equivalentes y en la que sus primos maternos apenas si se distinguen de sus hermanas y hermanos.
Algunas de las necesidades del niño son las comunes a todos los animales humanos. Pero cada cultura tiene una idea propia acerca de los modos más adecuados para satisfacer estas necesidades. Cada diferente sociedad transmite a la nueva generación en una edad muy temprana un cuadro estándar de los fines apreciados y de los medios consagrados, de la conducta apropiada para hombres y mujeres, jóvenes y viejos, sacerdotes y campesinos. En una cultura el tipo más apreciado es la matrona experimentada, en otra el joven guerrero, en otra el anciano erudito.
(Fragmento tomado del libro Mirror for Man, de Clyde Kluckhohn)
Los niños se educan de diferentes maneras en las distintas sociedades. A veces se les desteta pronto y abruptamente. A veces se les permite mamar todo el tiempo que quieran, destetándose ellos solos gradualmente a la edad de tres años o más. En algunas culturas el niño es dominado violentamente desde el principio por la madre, el padre o ambos. En otras, prevalece el calor afectivo en la familia hasta el punto de que los padres se niegan a aceptar la responsabilidad de castigar ellos mismos a los niños. En un grupo el niño crece en la familia biológica aislada. Hasta que va a la escuela tiene que adaptarse únicamente a su madre, a su padre, a uno o dos hermanos o hermanas y en algunos casos a uno más sirvientes. En otras sociedades al niño le manejan y a veces incluso le crían, varias mujeres distintas, ya to das aprende a llamar "madre". Crece en una familia numerosa en la que muchos adultos de ambos sexos representan para él papeles aproximadamente equivalentes y en la que sus primos maternos apenas si se distinguen de sus hermanas y hermanos.
Algunas de las necesidades del niño son las comunes a todos los animales humanos. Pero cada cultura tiene una idea propia acerca de los modos más adecuados para satisfacer estas necesidades. Cada diferente sociedad transmite a la nueva generación en una edad muy temprana un cuadro estándar de los fines apreciados y de los medios consagrados, de la conducta apropiada para hombres y mujeres, jóvenes y viejos, sacerdotes y campesinos. En una cultura el tipo más apreciado es la matrona experimentada, en otra el joven guerrero, en otra el anciano erudito.
(Fragmento tomado del libro Mirror for Man, de Clyde Kluckhohn)
La personalidad en la cultura
La labor del antropólogo -y podríamos decir que también del psiquiatra y la psicología en cierta medida-, busca descifrar qué es lo que motiva a la gente. La así llamada "naturaleza humana" y su flexible variedad no es un simple ejercicio académico. Para la planificación social práctica y el desarrollo de sistemas educativos es esencial tener una respuesta a esta interrogante, que sea categórica y definitiva.En su momento, la ideología nazi sostuvo que podían forjar a la gente como lo deseara, si aplicaban la presión suficiente y empezaban bastante temprano en la vida del individuo. También el comunismo tendía a decir que de alguna manera la "naturaleza humana" es siempre y en todas partes la misma. Por poner un ejemplo, lo sostenía con su suposición de que las motivaciones primarias son de índole económica irremediablemente-.
¿Pero hasta qué punto son los seres humanos, así de moldeables? Observando la historia de todos los pueblos conocidos, al menos en grado mínimo, es la única forma científica de responder a esta interrogante.
¿Y de qué manera los diferentes grupos sociales educan a sus críos, para que su personalidad una vez adultos sea -de cierta manera y con las limitantes que esto conlleva- homogénea? Sin temor a equivocarme podría predecir estadísticamente que 25 afroamericanos presentarán ciertas características de conducta con mucha más frecuencia que 25 rusos de clase social, edad y rango equivalentes. Y esto no es racista en modo alguno.
En este momento histórico, si logramos definir cuáles son las verdaderas causas y cómo es que sucede esto, habríamos logrado un avance significativo en el objetivo de poder moldear la educación temprana en el hogar, y la educación formal -o instrucción escolar- de modo que logremos en los futuros adultos, una formación con los valores característicos deseados. (Reflexiones del libro Mirror for Man, de Clyde Kluckhohn)
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